El gonococo parlante habla de literatura

  




Los libros, no por ser libros, son tesoros.

Libro es Mi lucha de Adolfo Hitler y La genealogía de la moral de Federico Nietzsche.

Libros son también El principito, Alicia en el país de las maravillas y El Señor de los Anillos.

Y libros son también La Celestina, Lazarillo de Tormes y El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Todos estos libros son muy diferentes entre sí, y cada uno forma parte del menú de unos u otros lectores, porque no todos los modelos de ficción son literatura ni mucho menos aún son compatibles con la realidad del mundo que habitamos.

No culpes a tu profesor de las lecturas que estés obligado a leer, como tampoco culpas al periodista o al crítico literario que publicita, por dinero, tal o cual título.

El profesor manda en la escuela, no en tu vida. El periodista es un mensajero pagado. Sólo tú eres responsable de lo que lees e interpretas.

Los libros que leemos acreditan o desacreditan la inteligencia de la que disponemos. Tú eliges lo que lees.

Si la ignorancia no te previene del consumo de libros inútiles, que lo haga, al menos, la vergüenza. Si la tienes.

Carecer de conocimientos literarios permite al ignorante hablar con libertad y sin pudor de todo lo que no sabe en relación con cualquier cuestión relacionada con la literatura, su historia y materiales, sus conceptos y su genealogía. Y hacerlo con el desparpajo espectacular de un gonococo parlante, al que las redes sociales abastecen de estulticia y necedad industriales al servicio de la publicidad ajena. El gonococo trabaja para otros, pero nunca lo sabe.

Es muy fácil para una mente insipiente e inexperta, neoténica y malformada, confundir literatura fantástica y maravillosa, lo sobrenatural aceptado y lo extraordinario explicado, el llamado «realismo mágico» con el arte de los orates, la «industria» y el «milagro» —que diría Cervantes en el Quijote— y tantas cuestiones más.

El fracaso de la universidad, como institución educativa de la que buena parte de los alumnos salen sin saber leer ni escribir, y manejando delatoramente el uso improductivo de la inteligencia artificial, es una perpetuación de esta deficiencia.

Pero internet es el gran espejismo de la necedad que sienta cátedra. La neotenia literaria desemboca en el aborto intelectual. Las redes sociales son las esquelas de la mente de la mayor parte de sus usuarios.

Descansen prematuramente en paz.


Jesús G. Maestro